Octavio Paz nació en Cuidad
de México en 1914 y falleció en 1998, fue principalmente poeta y
ensayista, obra que sería condecorada en 1990 con el Premio Nobel de
Literatura. Perteneció entre al movimiento Surrealista del siglo pasado,
pero es imposible encasillarlo, pues transcendió el tiempo con sus obras. De
poesía se destacan los títulos “Libertad Bajo Palabra”, “Árbol Adentro”,
“Piedra de Sol” y “Salamandra”; de ensayos: El Laberinto de la Soledad,
El Arco y la Lira, Corriente Alterna y Claude Levi-Strauss o el
nuevo festín de Esopo.
A Octavio Paz le obsesionó
toda su vida, y fue motivo de escritura a lo largo de sus libros, el lenguaje
particular de la poesía. Habiendo sido un prolijo estudioso de este
género –y sin dudas, de la Historia de la literatura en general- goza de una
relación extraordinaria con las palabras, sabiduría que consagró en su poesía y
en los ensayos sobre el tema encontrados, en parte, en el indispensable “El
Arco y la Lira”. En el tercer capitulo de esta obra, Paz se centra en uno de
los más importantes elementos que conforman y determinan un: el ritmo. En el
mundo poético las palabras son conjuro que se entabla mediante la dirección y
el sentido que el ritmo ofrece; las puertas secretas del lenguaje son abiertas
con el encantamiento que este produce. El ritmo contiene un sentido, una
dirección, él nos habla en sí mismo, porque su contenido verbal e
ideológico son inseparables. Este baile, -como metaforiza Octavio Paz- cobra un
valor ritual en la medida que ofrece una visión de mundo, el sonido es capaz de
manifestar el universo y así también, al ser humano. En él, nos suspendemos en
el estado vivencial de un tiempo eterno, un tiempo mítico. Este “espacio”
sagrado donde la vida se renueva potencializa una comunicación directa entre el
hombre y la eternidad: la fuente donde el humano sacia su sed de infinito y se
ve reflejado en el agua.
Por esto, Paz insiste en la
relevancia del ritmo poético para consolidar su naturaleza de mito. Las frases
rítmicas, es decir los versos avivan el tiempo primordial. Así a
través de la poesía se recrea el instante, el hombre es convidado a la mesa de
los dioses.
Este ensayo resulta
primordial para quien desee aventurarse en el estudio y la escritura de la
poesía entre muchos motivos, por la cantidad de material bibliográfico del que
Paz se sirve para la construcción de sus argumentos. También es recalcable el
lugar de enunciación de este escritor mexicano, ya que tiene el privilegio de
hablar sobre algo que fue el trabajo de su vida. Leer a Octavio Paz es en
sí una experiencia poética y una cátedra triple sobre argumentación, escritura
y poesía.
Juan Pablo Rodríguez
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